No se trata de borrar dos historias, sino de construir juntos el próximo capítulo

El interés de nuestros socios por la posible unión entre la Comunidad Sefaradí y el Mercaz sigue creciendo y se manifiesta en cada encuentro.  En este mismo espíritu de participación y transparencia, damos paso a una nueva ronda de preguntas surgidas en los últimos días. Estas inquietudes reflejan la responsabilidad y el compromiso por comprender en profundidad los alcances de esta propuesta, mientras que el directorio reafirma su voluntad de escuchar atentamente la opinión de los socios, en el camino hacia una decisión que marcará el futuro de nuestra vida comunitaria.

 

Es así como compartimos por tercera semana consecutiva, las nuevas interrogantes dirigidas al señor Andrés Nahmias K., integrante de la Comisión de Unión y presidente de la Fundación LEV Chile, quien, con su habitual buena disposición y cordialidad, respondió a cada una de las inquietudes planteadas, ofreciendo respuestas que buscan aportar claridad y acompañar este proceso con transparencia, fortaleciendo la confianza y el espíritu comunitario.

 

1.- Andrés, podrías aclararnos ¿Qué se votará exactamente en la Asamblea Extraordinaria del 23 de septiembre: la unión de ambas comunidades o una eventual fusión institucional?

Lo que se propone votar el 23 de septiembre es dar un paso concreto para avanzar en un proceso de unión comunitaria. No estamos pidiendo aprobar de una vez todos los detalles de una eventual fusión definitiva.

La propuesta es comenzar un camino gradual, responsable y cuidadosamente diseñado, en el cual podamos ir integrando aquellas áreas donde tiene sentido hacerlo, evaluando cada etapa y preservando aquello que constituye nuestra identidad sefaradí.

El objetivo que nos inspira es muy claro: construir una comunidad más fuerte y con mayor proyección, bajo el concepto de “una comunidad, dos sedes”. Y hacerlo sin renunciar a nuestras tradiciones, nuestros espacios rituales ni nuestra historia. La propia propuesta contempla distintos grados de integración en materias como administración, programas, educación, rabinato, gobierno institucional y patrimonio.

2. ¿Cómo será la votación? ¿Será abierta o secreta?

La forma específica de votación deberá realizarse conforme a nuestros estatutos y a las reglas establecidas para la Asamblea. Ahora bien, entiendo que históricamente han sido a viva voz. No obstante, esto lo decidirá el Directorio.

Pero, más allá del mecanismo, para nosotros es fundamental que cada socio pueda votar con absoluta libertad y plenamente informado. Esta es una decisión demasiado importante para nuestra comunidad como para que alguien sienta presión respecto de cómo debe votar.

Queremos que exista una conversación abierta, respetuosa y transparente, donde todas las preguntas —también las más difíciles— puedan plantearse antes de tomar una decisión.

3. Si se aprueba la propuesta, ¿qué ocurrirá después? ¿Cuáles son los plazos y qué pasará con la remodelación de nuestra sede?

Si la Asamblea aprueba la unión, la idea es avanzar rápido: finalizar el proceso de compra y comenzar la construcción entre octubre y diciembre de este año. Es un cronograma ambicioso, por lo que preferimos plantearlo como la meta que estamos trabajando, sabiendo que hay variables — legales, administrativas, de coordinación— que podrían ajustar esas fechas.

4. ¿Qué etapas deberían cumplirse antes de llegar eventualmente a una fusión completa?

Primero viene la implementación de la unión aprobada: coordinación operativa, uso de espacios, convivencia institucional. Recién con esa experiencia funcionando, y no antes, correspondería evaluar la fusión. La idea es que sea un proceso progresivo e ir avanzando juntos ambas comunidades.

Primero debemos aprender a trabajar juntos, generar confianza, comprobar en la práctica los beneficios de la unión y resolver las dificultades que naturalmente aparecerán.

No se trata de borrar dos historias para crear una nueva. Se trata de construir juntos el próximo capítulo de ambas historias.

 5. ¿Qué cambios concretos comenzarán a percibir los socios?

Los primeros cambios visibles parten este mismo año, con las primeras actividades conjuntas entre ambas comunidades. La meta es que para marzo de 2027 ya estemos completamente activados en la vida comunitaria compartida. Eso es independiente del proceso de obra — cuando la construcción esté lista, vamos a sumar además la sinergia de tener ambas sedes funcionando en conjunto, pero la vida comunitaria conjunta no espera a la obra para partir

6. ¿Cómo se informará y hará participar a los socios durante este proceso?

De hecho, ya hay socios participando activamente en cada etapa: los directores. Es importante recordar que los directores son socios como cualquier otro, elegidos por votación de los propios socios, precisamente para representarlos en este tipo de procesos. A través de ellos, y del comité de unión con 4 personas de cada institución, la voz de los socios está presente en cada etapa. Y, además, la invitación está abierta: quien quiera involucrarse más activamente y trabajar por la comunidad, tiene espacio para hacerlo.

7. ¿Cuáles serían los beneficios más inmediatos para los socios?

Actividades conjuntas con mayor quórum, más viajes, más cursos, más oferta cultural y educativa de la que cualquiera de las dos comunidades podría sostener sola. Y hay algo más de fondo: esto le da a la comunidad sefaradí la posibilidad de dejar un legado que perdure, y a todos nosotros, la posibilidad de entregarle a las familias una comunidad conservadora más fuerte y con más proyección a futuro. Pero si tuviera que resumir el beneficio más importante, es este: una comunidad más grande y unida, donde vamos a poder ver a los nietos participando junto a sus abuelos, compartiendo la misma vida judía. Eso es lo que realmente construye continuidad generacional — mucho más que cualquier definición jurídica sobre si esto es una unión o una fusión. El estatus legal es un tema técnico que se resuelve con el tiempo; lo de fondo es esta comunidad más grande y fuerte que empezamos a construir desde ya, para las próximas generaciones

En definitiva, 1+1 no tiene por qué ser 2. Bien hecho, puede ser 3.

8. Si la Asamblea aprueba avanzar, ¿cuáles serán las primeras acciones concretas?

Se activa formalmente la Etapa 1, que trabaja en cuatro frentes en paralelo: un plan de comunicación e involucramiento con los socios de ambas comunidades; mejoras y sinergias en la operación y administración, para que funcionen de manera unificada; el lanzamiento de actividades conjuntas y ajustes en la programación; y un trabajo de repensar el uso de las sedes para generar sinergias entre ambas. Es un proceso que avanza en varios planos a la vez, no uno detrás del otro.

 

Y en lo que nos compete directamente a nosotros sería comprar la sede al Estadio en octubre/noviembre y durante diciembre comenzaríamos con la remodelación/construcción

9. ¿Qué ocurriría si la propuesta fuera rechazada?

Si la Asamblea rechaza la unión, el proceso simplemente termina ahí. Cada comunidad sigue funcionando tal como lo ha hecho siempre, de manera independiente, y seguiremos siendo lo que hemos sido: comunidades amigas, con buena relación entre nosotros. La decisión de los socios se respeta completamente, sea cual sea.

Pero tampoco sería responsable ignorar nuestra realidad.

Somos aproximadamente 340 familias, tenemos un patrimonio importante y una historia extraordinaria, pero también enfrentamos un sostenido y  gran  déficit operativo anual y los mismos desafíos que enfrentan muchas comunidades pequeñas: atraer talento, renovar generaciones, ofrecer actividades de calidad y utilizar eficientemente nuestra infraestructura.

Por eso creo que debemos preguntarnos no solamente si podemos continuar como estamos, sino, ¿Qué comunidad queremos dejarles a nuestros hijos y nietos dentro de 20, 30 o 40 años?

 

Las oportunidades para realizar transformaciones de esta magnitud no aparecen todos los días. Hoy tenemos dos comunidades sanas, liderazgos dispuestos a conversar y una oportunidad concreta de construir algo mayor.

 

Para mí, ésa es finalmente la pregunta que debemos responder el 23 de septiembre: ¿queremos administrar el presente o queremos construir el futuro?