Ki Tetze

By agosto 21, 2026 Parashot
21 agosto 2026 / 8 Elul 5786

Rabino Efraim Rosenzweig

(Deuteronomio 21:10-25:19)

La parashat Ki Tetze establece entre sus muchas mitzvot la prohibición de la destrucción de un árbol que tiene fruto. De acuerdo con la tradición judía, el ser humano fue instalado sobre la tierra durante la última hora del sexto día de la creación para señalar que todo lo que fue creado con anterioridad era para el uso y beneficio de este ser, que recibió el soplo de la Divinidad en el momento de su creación.

Según esta perspectiva, el hombre puede disponer de la naturaleza de acuerdo con sus necesidades, sin prestar excesiva atención a las consecuencias sobre el delicado balance ecológico. Por otro lado, si se considera que el hombre es un ente que debe enmarcarse en la totalidad de la creación, este hombre debe asumir la responsabilidad de un comportamiento acorde con las exigencias de la naturaleza para su sana supervivencia. Eso quiere decir que el hombre tiene que cuidar los ríos y los océanos, velar por los bosques y las selvas, asegurar la pureza del aire y una apropiada temperatura para el globo terrestre.

No hay duda que la naturaleza contiene muchos elementos que no sirven en propósito alguno al hombre; al contrario, muchas criaturas lo retan y desafían.

Es suficiente con citar la existencia de los virus y retrovirus, que constituyen una amenaza constante. ¿Cuál es el beneficio que ofrece al hombre una pantera o un rinoceronte? Aparentemente, estas criaturas tienen una razón individual para su existencia, que es independiente de cualquier interés o necesidad del ser humano. Se pueden sustentar ambas posiciones de acuerdo con la tradición judía.

Según el Talmud, el hombre fue la última creación de D’os para que, tal como un rey terrenal, entrara en el salón del banquete después de que se hubiesen realizado los arreglos necesarios. Pero si el hombre se infla con un orgullo falso, se le puede recordar que un humilde mosquito fue creado primero.

 

El caso del año sabático de Shemitá, según la Torá, sirve para confirmar la fe del hombre en D’os, quien le proveerá con el sustento indispensable; no obstante, la tierra no será sembrada el séptimo año. Al mismo tiempo no se puede negarla importancia de esta norma para el sistema ecológico, que permite la renovación de la tierra.

En este sentido también se puede mencionar las leyes que prohíben la mezcla sexual de diferentes animales, con el obvio propósito de preservar las cualidades particulares de cada especie.

Pese a que el salmista afirma Hashamaim Shamáyim LaShem, ve haárets natán livenei adam, “mientras que los cielos son el hábitat de D’os, le ha concedido la tierra al hombre”, no cabe duda de que la tradición judía exige el respeto por la naturaleza. Desde el principio, cuando Adam fue colocado en el Gan Eden, recibió la instrucción Divina de que debía “trabajar y cuidar” ese jardín.

 

Shabat Shalom!