Rabino Efraim Rosenzweig
(Génesis 41:1-44.17)
En este shabat, que es el sexto día de Jánuca, es también Rosh Jodesh Tevet, por lo que sucede algo que no es habitual en todo el año, algo particularmente inusual, y es que se extraen tres rollos de la Torá.
En el primero se lee la parashá que corresponde leer de acuerdo al orden y que es Miketz, que siempre se lee en el shabat de Jánuca.
En el segundo rollo se lee una lectura relacionada a Rosh Jodesh. Y en el tercer rollo se lee un texto relacionado a Jánuca.
En la parashat Miketz, Iosef es el actor central de este relato en el que se nos presenta como él, a través de su inteligencia y su capacidad interpreta los sueños del faraón y consigue transformarse en el virrey de Egipto y en la mano derecha del faraón.
Es interesante mencionar que, en cada ocasión, tanto cuando estaba preso y en la oscuridad más profunda de un calabozo, como en los momentos de abundancia, cuando se transformó en el líder de Egipto siempre sostuvo que D’os estaba con él. Y nunca oculto su origen hebreo.
Cuando lo recuerda, el jefe de los coperos, menciona a un joven hebreo, lo que nos indica que Iosef no ocultaba su origen ni su ascendencia.
A menudo cuando nos va muy bien, nos olvidamos de D’os y pensamos que nos podemos arreglar solos, y si nos va mal, pensamos que el Todopoderoso nos abandonó, se olvidó de nosotros, y nos dejó sin miramiento.
No es el caso de Iosef, que, en ambas circunstancias, tenía siempre presente a la divinidad, como su gran soporte espiritual.
Deberíamos aprender de Iosef, y saber que, en los momentos de oscuridad y dificultades, no debemos pensar que D’os nos ha abandonado, y que en las circunstancias en que todo parece sonreírnos, suponer que no necesitamos a nadie y podemos arreglarnos solos.
Aunque no lo veamos, D’os siempre esta.
Está donde lo dejamos entrar.
Por otro lado, en estos días de Janucá tenemos la tradición de encender la Janukiá, es decir el candelabro de Jánuca de una vela servidora denominada shamash.
Esta peculiar forma de encender no es como en shabat. Esto es así porque las velas de Janucá solo deben ser observadas y no pueden tener otro objeto.
Cada uno de nosotros tiene que tener la capacidad espiritual de encender a los demás e inflamar su espíritu judío, para que juntos podamos alejar la oscuridad que reina en el mundo.
Shabat shalom!
¡Jag Urim Sameaj!