Jaie Sará

By noviembre 6, 2026 Parashot
6 noviembre 2026 / 26 JESHVAN 5787

Rabino Efraim Rosenzweig

(Genesis 23;1-25:18)

La parashat Jaie Sará comienza informándonos acerca de la muerte de Sará, la primera matriarca. La ausencia de detalles de su deceso es complementada por la Torá Oral, con el Midrash que revela que Sará murió al escuchar que su único hijo Itsjak sería sacrificado como una ofrenda a D’os, en una difícilmente entendible demostración de un amor ilimitado por D’os.

 

En realidad, Sará resultó mal informada acerca de lo sucedido y pensó que su hijo había sido efectivamente sacrificado en aras de la fe manifestada por Abraham.

¿Cuál fue la reacción de Abraham? ¿Acaso se sintió culpable de la muerte de su esposa y como consecuencia de ella entró en un estado de depresión aguda?

 

Abraham llora por su mujer y reflexiona acerca de sus virtudes y luego enfrenta la realidad: se debe buscar un lugar apropiado para enterrar a Sará. Abraham adquiere un amplio terreno donde reposarán los restos mortales de los patriarcas y según una antigua tradición, allí también se encuentran enterrados Adam y Javá. Mearat Hamajpelá, es el nombre del lugar, el mausoleo de los patriarcas, ubicado en la ciudad de Jevrón y motivo de disputa actual entre Israel y los palestinos.

 

Abraham no opta por convertir a Sará en un ícono, llora por ella, pero también la entierra. Se preocupa inmediatamente por encontrar un sitio para servir de lugar de sepultura para la familia enseñándonos el valor de kever Israel.

 

No la olvida, pero tampoco la venera.  La muerte de su esposa no implica el fin de su historia familiar.  Ahora tiene que dedicarse a Itsjak, a la búsqueda de una esposa apropiada para su hijo, tiene que pensar en el futuro del Pueblo que está engendrando.  La dificultad de engendrar con Sará lo ha sensibilizado para valorar aún más a Itsjak, quien a través de la Akedá demostró su disposición de ofrecer su vida en el servicio de D’os.

 

Al mismo tiempo, el Creador demostró que no deseaba el sacrificio humano. El judaísmo tendrá que escoger entre varias alternativas, inclinándose por una más que otra sin desechar alguna; entre el ascetismo y una vía que busca un término medio, y que acentúa el modelo espiritual pero no niega el valor del mundo material.

 

El conflicto y la dicotomía ocasionados por tener que escoger entre el bien y el mal, el mundo secular y el entorno espiritual, el interés propio y el altruismo, y la cobardía y la valentía, es el fermento catalítico que obliga a pensar y reflexionar, a la continua búsqueda e identificación del sendero que debe servir para el crecimiento y desarrollo espiritual que comenzó con Abraham y que continúa hasta el presente. Vivir es buscar. En el Más Allá se encuentra una contemplación de la radiante Presencia de D’os.

 

Shabat Shalom!