Rabino Efraim Rosenzweig
(Exodo 1:1-6:1)
Comenzamos en este Shabat la lectura del segundo libro de la Tora, el Sefer Shemot con el nacimiento de Moshé. “Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó y le puso por nombre Moshé diciendo:” (Shemot 2:10). Y, enseguida nos asalta la duda de si ¿La hija de Faraón acaso hablaba hebreo para poder ponerle ese nombre? –
Rabí Abraham Ibn Ezra, obvia la dificultad diciendo que la hija de Faraón le puso un nombre egipcio, pero la Torá, lo cambió a Moshé siguiendo un patrón hebreo. Abarbanel, se disgusta con la interpretación trayendo ejemplos de nombres extraños que permanecieron en el texto bíblico en su lengua original, concluyendo que la Torá no traduce nombres. La hija de Faraón no hablaba hebreo, pero, ella no fue la que le dio el nombre al niño cuya vida salvara.
Quien había traído al niño era su madre, y lo lógico en la lectura del versículo, sería según él, -que ella lo llamara Moshé. Jizkuni nos trae un midrash según el cual la hija de Faraón se judaizó, y rabí Abraham Ibn Ezra nos dice también que ella, en realidad le puso es
e nombre después de consultar con sus nodrizas.
Moshé permanece en la memoria por su salvación de las aguas, y ya no importa quién le concedió el nombre, esa será su personalidad, ese será su base para las acciones que emprenda. Hasta aquí una brevísima cita de algunos de los intentos de nuestros sabios de bendita memoria para descifrar el origen del nombre de Moshé. Si siguiéramos trayendo otras citas y fuentes, nos encontraríamos con una búsqueda más que obsesiva.
Tal es el valor del nombre para el judaísmo. Tal es la importancia de poder determinar su significado y su símbolo.
Por lo que, avancemos un poco más en la historia personal de Moshé.
El niño Moshé nació en una época en la que otros niños eran asesinados para satisfacer el mandamiento faraónico, en que las madres y padres sufrían, en que el peligro de exterminio era palpable por todos, pero, él se crio en el palacio real sin que le faltara nada. Aquí yace quizás la solución al misterio de su nombre. Esa es la causa por la que debía llamarse Moshé, aún si ese nombre le fue dado por una persona egipcia. Ese es el nombre que le resonaba en sus tímpanos gritando la injusticia del sufrimiento del otro, más aún que su propia suerte. ‘Que de las aguas le habían sacado’ significaba nada más y nada menos que su vida no le pertenecería, si no era capaz de iniciar acciones derivadas de su situación. Su nombre fue la motivación que lo impelió a ver a sus hermanos en su sufrimiento, la causa por la que ya no pudo permanecer indiferente a ellos. Destinado a morir, se salva. Cuando otros sufren, él tiene una vida de privilegio. Y, Moshé el sacado de las aguas, sacará de la esclavitud a su pueblo. Lo sabía cada vez que, al nombrarlo, le recordaban su pasado.
Al poner un nombre a tu hijo, piensa bien que es lo que quieres para él.
Shabat Shalom!