Rabino Efraim Rosenzweig
(Deuteronomio 7:12-11:25)
En nuestros capítulos Moshé precisa qué es lo que realmente D’os exige de nosotros: “Caminar solamente por sus senderos, amarlo y servirlo con todo tu corazón y espíritu”. Precisar cuál es el “sendero” que conduce a D’os puede exigir la investigación y el estudio; en cambio, “amar” a D’os “con todo el corazón y el espíritu” es una condición subjetiva que tiene raíces en la intuición y la cualidad afectiva del individuo. El amor puede tener diversos orígenes: puede ser el resultado de una experiencia personal, o un favor recibido.
Aunque la base del “amor” por D’os tiene una raíz difícil ubicar, puede ser cultivado y alimentado mediante la conciencia de la existencia de un D’os único, creador de la energía de la tierra que provee los alimentos, ordenador de las órbitas celestiales, el ser supremo que se preocupa por el destino individual de las personas. “Caminar por sus senderos” requiere una reflexión intelectual. Según Maimónides, la relación entre hombre y D’os debe tener un ingrediente intelectual fundamental. Pueden considerarse dos vertientes: la sabiduría contenida en la Torá, que sirve para definir el “sendero” y, una vía alterna, el estudio de la ciencia. La tradición judía señala que el patriarca Abraham fundamentó su fe en un solo D’os al observar un vasto número de estrellas en el cielo, un firmamento sin fin que testimonia un Creador que no puede estar sujeto a las leyes que describen la existencia terrenal.
Para el judaísmo, sin embargo, “caminar por sus senderos”, además de una idea y actividad intelectual, implica la implementación de ciertos principios específicos, una conducta diaria guiada por ciertas reglas que conducen a la armonía entre los hombres y posibilitan la convivencia en sociedad. Es el mundo de las Mitzvot, y de la halajá, la ley judía. Las tareas específicas y concretas que regulan el respeto por el prójimo, por su propiedad y sus derechos. Que cultivan la reverencia por la oración diaria, los lazos inquebrantables con D’os y la Tierra Prometida mediante los tefilín, y a los Tzitzit, como una especie de bandera que debe recordar el compromiso ineludible con el cumplimiento de la voluntad Divina.
Cabe destacar que el “amor” tiene que ser una relación recíproca. Amamos a D’os y él nos ama a nosotros. Nos abocamos al descubrimiento de cuáles son los elementos estructurales básicos del universo y D’os nos provee del intelecto que es capaz de investigar y descubrir, revelar y entender cada vez con mayor profundidad.
Observamos las Mitzvot y con su cumplimiento crecemos espiritualmente, desarrollamos la sensibilidad por los menos favorecidos, preparamos el entorno para una era mesiánica de armonía y entendimiento entre la gente, judíos y gentiles juntos, al encuentro con el D’os único.
Shabat Shalom!